Sobre la Red

Conoce la Red de Respuesta

La respuesta al VIH en México es resultado del esfuerzo sostenido por décadas de diferentes sectores de la sociedad: personas con VIH, organizaciones de la sociedad civil, liderazgos comunitarios, políticas públicas, instituciones y servicios de salud, así como agencias internacionales e instancias académicas.

Para prevenir, atender y mejorar la calidad de vida de las personas con VIH es indispensable fortalecer la red de respuesta mediante la participación coordinada y la construcción colectiva del conocimiento, con una mayor articulación de las diversas iniciativas para generar mejores resultados de forma acelerada.

Garantizar una participación incluyente y horizontal requiere de principios esenciales, que guían la colaboración en esta iniciativa:

Relevancia

La respuesta al VIH en México es una compleja red de actores con múltiples posibilidades de articulación. Es el momento de sumar esfuerzos, coordinar acciones y optimizar todos los recursos existentes para acelerar el cumplimiento de las metas 2030.

México ha avanzado en una política de atención integral centrada en las personas, las familias y las comunidades. La sociedad civil y la comunidad han liderado y amplificado la respuesta en el territorio, las poblaciones y sus necesidades.

En el marco de las iniciativas globales para acabar con la epidemia de VIH/SIDA, la respuesta integral comprende cinco procesos:

Las voces de las y los investigadores

¿Cuál es la situación de la respuesta al VIH en México y qué necesitamos para lograr las metas 2030? Escucha las voces de las y los investigadores.

Dra. Alicia Piñeirúa Menéndez

Médica especialista e investigadora

Consorcio de Investigación en Salud CISIDAT

La doctora Alicia Piñeirúa es médica especialista en infectología y maestra en salud pública y enfermedades infecciosas. Se desempeña como investigadora independiente, colaboradora con el Instituto Nacional de Salud Pública, integrante del Comité de Ética del CISIDAT y revisora en revistas académicas. Su trabajo en torno a la respuesta al VIH abarca el ámbito clínico, la política pública, la docencia y la investigación en campo, y se enfoca en determinantes sociales, adolescencia, mujeres viviendo con VIH, coinfecciones y profilaxis preexposición.

El VIH continúa siendo un problema de salud que requiere de visibilización en la agenda pública, con especial enfoque en la articulación intersectorial, la prevención y el diagnóstico temprano.

Escucha o lee la opinión de la Dra. Alicia Piñeirúa Menéndez:

Aún cuando ha disminuido la incidencia de VIH a nivel mundial, la región de Latinoamérica ha mostrado un incremento en la incidencia en los últimos 13 años, agudizado por los efectos de la pandemia por COVID-19. En México, una de las problemáticas centrales ha sido el retroceso en el diagnóstico y referencia oportuna, no solo como consecuencia de la pandemia, sino de cambios estructurales en el sistema de salud, incluyendo los mecanismos de participación conjunta con la sociedad civil para contribuir con la detección a nivel comunitario.

La actualización de guías de prevención y tratamiento, la triple optimización en materia de insumos, y la disponibilidad de profilaxis pre y post exposición son avances relevantes en el país, pero son insuficientes ante la falta de comunicación abierta, de educación en salud y de capacitación del personal de salud de primer contacto, que impacta tanto a las denominadas poblaciones clave como a otros sectores que no se consideran de alto riesgo. En este sentido, para incrementar el número de personas usuarias de esta estrategia biomédica de prevención es la participación estructurada de la sociedad civil en este eslabón de la respuesta.

La población adolescente está viviendo un momento diferente en la construcción de sus identidades y vínculos sexoafectivos, evidenciando la necesidad de acciones diferenciadas y sensibles a las perspectivas de las juventudes. Por ejemplo, los adolescentes hombres que tienen sexo con hombres no necesariamente se identifican como población gay y se muestran distantes a las estrategias circunscritas a los movimientos LGBTTTIQ+, resultando en la falta de concientización sobre el riesgo y la prevención, el estigma y la desinformación.

Independientemente de la edad, los hombres que tienen sexo con hombres −que no manifiestan una identidad gay y que frecuentemente mantienen a la par relaciones con mujeres− comparten la falta de percepción sobre las posibilidades de transmisión y suelen llevar a cabo prácticas de riesgo en condiciones de clandestinidad, lo que aumenta su vulnerabilidad y la de sus parejas o contactos. También persisten las brechas en la detección en mujeres cis, acentuadas por la desvinculación de la respuesta al VIH del continuo de atención a la salud sexual o de otras detecciones rutinarias como la detección de cáncer cervicouterino.

Para el cumplimiento de las metas 2030, es indispensable reconocer que el VIH continúa siendo un problema de salud que requiere de visibilización en la agenda pública, con especial enfoque en la articulación intersectorial, el escalamiento de las estrategias de prevención y el diagnóstico temprano. Además de las estrategias dirigidas a las denominadas poblaciones clave, es necesaria la consolidación de acciones dirigidas a la población adolescente (en quienes se ha observado un incremento en la incidencia), a los hombres que tienen sexo con hombres y mujeres (en quienes es frecuente el diagnóstico tardío), y a las mujeres cisgénero; para incidir de manera positiva en su salud física y mental, así como en la carga al sistema de salud.

Dr. René Leyva Flores

Centro de Investigación en Sistemas de Salud

Instituto Nacional de Salud Pública de México

El doctor René Leyva Flores es médico, maestro en medicina social y doctor en sociología, miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel II. Cuenta con una trayectoria de más de 30 años de investigación en salud pública y medicina social. En el ámbito de la respuesta al VIH se ha enfocado en el estudio de la respuesta institucional a la epidemia, incluyendo los modelos de servicios, el análisis de costos, el desarrollo de indicadores de monitoreo y el acceso a servicios de salud en poblaciones específicas, por ejemplo, adolescentes y personas en situación de movilidad o migración.
Las brechas que hoy enfrenta México en materia de VIH reflejan la necesidad de una reestructuración de la respuesta por parte de las instituciones y servicios de salud, pero también en los esquemas de cooperación internacional y las acciones en el territorio.

Escucha o lee la opinión del Dr. René Leyva Flores:

El VIH ya no se asocia a una enfermedad mortal, pues el tratamiento antirretroviral lo ha redefinido como una infección crónica que puede mantenerse en control, por lo que su abordaje actual como problema de salud pública requiere un énfasis en la atención integral que se refleje en la mejora de las condiciones de salud a largo plazo de las personas que viven con VIH.

En este sentido, uno de los avances recientes en torno a la respuesta al VIH en México es la reestructuración y actualización de los esquemas terapéuticos y los mecanismos para favorecer el acceso al tratamiento mediante la optimización de la demanda y los costos para la adquisición de medicamentos antirretrovirales en el Sector Salud que tuvo lugar en el 2019. Otro avance importante es el primer proyecto piloto para distribución de PrEP y la publicación de la Guía de Atención para Otorgar Profilaxis Preexposición. Ambas estrategias involucraron cambios regulatorios, alineación de políticas públicas y acuerdos interinstitucionales relevantes.

Las brechas que hoy enfrenta México en materia de VIH no se deben a la falta de presupuesto, sino que reflejan la necesidad de una reestructuración de la respuesta por parte de las instituciones y servicios de salud, pero también en los esquemas de cooperación internacional y las acciones en el territorio, que considere los determinantes sociales y estructurales. Recientemente, hemos observado el aumento de nuevos casos, lo cual requiere de un análisis acorde al contexto actual, en donde destaca el proceso de reestructuración del Sistema Nacional de Salud, la persistencia en la fragmentación de los subsistemas de atención, así como la creciente desvinculación de las instituciones y políticas públicas en materia de VIH de las iniciativas conducidas por las organizaciones de la sociedad civil.

La respuesta al VIH en el país requiere de un énfasis en dos aspectos fundamentales: prevenir nuevos casos y mejorar la calidad de vida a largo plazo. Para ello, la prevención combinada y el acceso continuo a tratamiento son fundamentales, pero también es crucial la reformulación del vínculo entre el sector salud y la sociedad civil, dada la alta efectividad que ha demostrado en, el alcance de detección en el territorio, el acompañamiento comunitario y la vinculación oportuna a los servicios de salud. Finalmente, es necesario actualizar las estrategias y modelos de servicios a la luz de los cambios en las dinámicas socioculturales, comportamientos y prácticas en los diferentes sectores de la población y grupos clave, que se refleje en el enfoque de las políticas públicas y en los indicadores de resultado a nivel nacional y subnacional.

Dra. Ana María Amuchástegui Herrera

Profesora-Investigadora

Universidad Autónoma Metropolitana UAM-Xochimilco

La doctora Ana Amuchástegui es especialista en género, sexualidad, salud y derechos, con una sólida formación multidisciplinaria que abarca la psicología, la filosofía y las ciencias sociomédicas. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores nivel II y cuenta con 22 años de trayectoria de investigación y vinculación con la sociedad civil y las instituciones de salud en torno a la respuesta al VIH, incluyendo una amplia experiencia de trabajo de campo con mujeres que viven con VIH y acompañantes pares en los estados de Chiapas, Oaxaca, Morelos y Ciudad de México.

Es fundamental abordar el VIH como un problema de salud y no como un problema asociado a las prácticas sexuales no normativas, contribuyendo a la reducción del estigma como barrera para la búsqueda de servicios.

Escucha o lee la opinión de la Dra. Ana María Amuchástegui Herrera:

La transmisión del VIH se encuentra estrechamente vinculada con determinantes estructurales, siendo uno crucial el orden de género, el cual se expresa y tiene implicaciones en diversos aspectos de la epidemia como el estigma y la discriminación, las desigualdades en el acceso a información, prevención y atención, así como en la experiencia cotidiana de las personas que viven con VIH. En este sentido, una de las brechas que persisten en México está dada por las formas de desigualdad en la garantía del derecho a la salud y otros derechos humanos que enfrentan las mujeres, pero que conlleva manifestaciones singulares en lo concerniente a la respuesta al VIH, como son, la falta de información, las barreras geográficas, económicas y socioculturales en el acceso a servicios, y la desvinculación de movimientos de gobernanza y otros mecanismos de participación ciudadana.

Si bien, uno de los avances destacables en México es la reducción de la tasa de incidencia de transmisión vertical del VIH a partir de las estrategias de detección y vinculación entre programas y servicios aplicables para la atención pregestacional y prenatal. Sin embargo, las mujeres no embarazadas tienen diagnósticos más tardíos aun cuando permanecen vinculadas a los servicios de salud por diversos motivos. Asimismo, la disponibilidad de PrEP es un gran avance para las personas que se identifican como población de riesgo, que cuentan con información o que saben que lo pueden solicitar. No obstante, la mayoría de las mujeres al ser diagnosticadas carecían de información sobre sus factores de riesgo y las medidas preventivas disponibles, pues persiste la narrativa de que el matrimonio o las relaciones monógamas son un factor protector.

Aun cuando el paradigma de las poblaciones clave ha permitido intervenciones específicas y ha dado lugar a diversas estrategias de incidencia, abogacía y reducción del estigma, el panorama epidemiológico actual en el país demanda una discusión profunda al respecto de este enfoque ya que, en nuestro contexto sociocultural, las prácticas sexuales no necesariamente determinan una subpoblación agrupada mediante un criterio de identidad sexo-genérica o una orientación sexual.

Para acelerar el cumplimiento de las metas y lograr una respuesta más integral es fundamental abordar el VIH como un problema de salud y no como un problema asociado a las prácticas sexuales no normativas. Este cambio de narrativa contribuiría a la reducción del estigma hacia las personas y como barrera para la búsqueda de servicios. También se asocia a la posibilidad de transversalizar la prevención y detección en la población, particularmente en las mujeres como parte del continuo de atención a la salud sexual, reproductiva y atención primaria.